PALOMA DE LA PAZ

miércoles, 13 de abril de 2011

RECUERDOS - (24/01/95)


Los seres humanos muchas veces somos increibles, irreconocibles.
Estoy en mi casa, en la casa de mi padre y de mi madre, una casa en la cual ya no vivo, ya no duermo, tan sólo la frecuento de vez en cuando, de cuando en vez.
Mi mamá tiene sesenta y nueve años, hoy no está, gracias a Dios es tan sólo por dos días.
La casa y los muebles se ven tan tristes sin ella, es como que no hubiera vida, como que faltara el color, todo está bien, pero no, no está todo bien, ella no está. Pronto volverá y todo tendrá otra vez su luz natural.
Que triste es la vida cuando un ser querido se va y te que queda de él tan sólo una foto, un recuerdo.
Siempre digo que mi mente trabaja a mil por hora y no me deja descansar, es como si fuera un vídeo; cierro los ojos y se enciende. Cuántos recuerdos!!!. Cuántos, tan añejos, tan descoloridos por el tiempo, como las hojas del otoño, como un viejo cuaderno, como una vieja canción. Pero en ese paisaje a veces descolorido y otras tan iluminado, con toda la luz del mundo en esta casa, que ya no es aquella, yo recuerdo a mi papá.
Mi papá, nuestro viejito, nuestro Beno, como me gustaría poder tenerlo, hoy, junto a mi mamá.
Poder hablarle, poder contarles todo esto que siento, que me lastima tanto, todos estos sentimientos contrariados; preguntarles porque yo soy esta mujer que parece una isla, porque no fui otra, distinta, diferente, alguien de quien ellos se pudieran enorgullecer. Como quisiera hablar con él lo que nunca hablé, pero yo se que algún día lo haré...
                                                     Martha

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